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¡FA, FE, FI, FO, FUUU!


¡HUELO A CARNE DE NIÑO !

Así gritaba el gigante a su esposa cuando regresaba a casa y pedía su cena.

Cuando yo era niña no leía demasiado, salvo cuando estaba enferma y pedía a mis padres que me trajeran las pocas colecciones de cuentos que había en casa. Eran clásicos de Andersen o los hermanos Grim.

Recuerdo especialmente “Juanito y las habichuelas mágicas” porque el niño consigue, con valentía y arrojo, engañar al ogro malvado que habitaba en el castillo y robarle objetos valiosos que le darían suertes y riquezas para siempre.

Pienso que este cuento puede gustar a niños de cualquier edad pues reúne todos los ingredientes que atraen a mis hijos: el personaje principal es un niño pobre, hay un malo muy malo, tiene tensión y aventura y un final feliz que tanto les gusta.




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